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Anie Darling y Stanley Johnson prueban un masturbador averiado
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Anie Darling y Stanley Johnson están juntos en una habitación, y Stanley acaba de recibir un dispositivo de masturbación japonés de alta tecnología que se anunciaba como el gadget definitivo de autocomplacencia para un hombre soltero. Pero cuando lo prueba, la cosa no funciona en absoluto: es un completo fracaso. Anie se divierte con su frustración, y empiezan a hablar de cómo debería ser realmente la autosatisfacción. Rápidamente se dan cuenta de que tienen ideas muy diferentes al respecto, y la conversación se convierte en una demostración práctica. Stanley saca su polla, y Anie se arrodilla frente a él. Envuelve sus labios alrededor de su verga y empieza a chuparla, metiéndosela hasta el fondo de su garganta. Mueve la cabeza arriba y abajo, baboseando todo el eje, y Stanley gime mientras ella trabaja su polla con la boca. Anie es una chupapollas experta, y no para hasta que Stanley está completamente duro y goteando. Luego Stanley tumba a Anie en la cama y le abre las piernas. Desliza su polla en su coño mojado, y empiezan a follar. Stanley la embiste con fuerza, y Anie gime mientras él le machaca el coño. Cambian de posición, con Anie montando la polla de Stanley, rebotando arriba y abajo sobre su verga. Ella frota su coño contra él, tragándose cada centímetro de su polla. Stanley la pone de espaldas otra vez y la folla sin descanso, metiendo su polla hasta el fondo de su coño. Las tetas de Anie rebotan con cada embestida, y ella grita mientras Stanley la folla más fuerte. No puede aguantar más, y se corre dentro de ella, llenando su coño con su semen caliente. Anie aprieta alrededor de su polla mientras siente su carga derramarse dentro, y ambos colapsan, satisfechos. El gadget roto queda olvidado, demostrando que la autosatisfacción real—y la satisfacción mutua—es mucho mejor que cualquier juguete.





























