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Lady Sweet Candy le hace una mamada profunda a Willy Regal en el concurso de striptease
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La tranquila velada da un giro brusco cuando Lady Sweet Candy, una madura rubia de pelo largo, sube al escenario de un concurso de striptease. Empieza con un striptease provocador, quitándose el sujetador y las bragas, luciendo su cuerpo delgado y sus tetas ante el público. El respetable conocido, Willy Regal, la observa desde la audiencia, y la tensión entre ellos crece mientras ella actúa en la barra, inclinándose y moviendo el culo para los hombres que la miran. Lo que empieza como una actuación pública se convierte rápidamente en un trato privado y desvergonzado. Willy se acerca a ella, y los dos se retiran del escenario, sus concesiones mutuas se intensifican. Lady Sweet Candy se arrodilla y se mete su polla en la boca, chupándosela con entusiasmo. Se la traga entera, atragantándose mientras él le folla la cara, con la saliva cayéndole por la barbilla. Él le agarra el pelo rubio, empujando más profundo, y ella gime alrededor de su verga, con los ojos llorosos. Se mueven a un lugar más cómodo, y ella continúa adorando su polla, lamiéndole los huevos y masturbándole el eje. Él la levanta y la inclina, abriéndole el coño desde atrás. Le introduce la polla en su raja húmeda, follándola por detrás, con las manos agarradas a sus caderas. Ella gime fuerte, con las tetas rebotando mientras él le machaca el coño, y el sonido de sus cuerpos chocando llena la habitación. La pone boca arriba, le levanta las piernas sobre los hombros y la penetra en posición de misionero. Ella le envuelve las piernas, atrayéndolo más profundo, con el clítoris rozando su pelvis. Él la folla con fuerza, y los gemidos de ella se convierten en gritos de placer. Ella baja la mano para frotarse el clítoris, con los jugos cubriéndole la polla. Finalmente, él la saca y se masturba, corriéndose en su cara. Ella abre la boca, atrapando su semen en la lengua, y él le dispara una carga espesa por las mejillas y los labios. Ella se lame los labios, tragando lo que puede, y le sonríe, con el trato completo. La noche termina con ambos satisfechos, su encuentro desvergonzado no deja nada a la imaginación.


























